El viaje de una escritora: ¿Nacer o hacerse?

Desde el momento en que recuerdo, la escritura ha sido mi esencia. No puedo evitar pensar que los escritores no se hacen, nacen con esa chispa interna que se enciende al sostener un libro por primera vez, al sentir el aroma de sus páginas o al perderse en los mundos que otros han creado. Y aunque nunca fui la mejor en gramática o ortografía en la escuela, algo más profundo me llamaba.

A los tres años, ya sostenía libros con admiración, como si cada página guardara un secreto esperando ser descubierto. Siempre me intrigaba cómo los escritores podían crear tanto, cómo sus mentes parecían un torrente inagotable de ideas. Imaginaba a los autores como seres serios, con gafas gruesas, introvertidos y encerrados en su propio mundo de palabras. En ese molde, jamás me sentí identificada. ¿Cómo encajaría yo, tan extrovertida y llena de energía, en ese arquetipo?

Entonces, entendí que podía ser una escritora diferente. Podía admirar la sabiduría de los grandes autores y a la vez darme permiso para ser auténtica, para ser yo. A pesar de mis ideas sobre lo que un «escritor» debía ser, me di cuenta de que no necesitaba esconder mi energía vibrante ni mi personalidad expansiva para merecer un lugar en ese mundo.

Mi libro, «Quizás no te importe, pero… soy Sayri», refleja exactamente eso: soy una escritora diferente, alguien que no encaja en moldes preestablecidos. Escribo con pasión, con apertura y sin miedo a mostrarme tal cual soy, extrovertida, expresiva y, a veces, con lentes de contacto en lugar de gafas.

Pero esto no es solo acerca de mí. También quiero dirigirme a ti, escritor o escritora independiente. Te entiendo profundamente. Sé lo que es sentarse con la emoción de mil ideas danzando en la mente, solo para que frente a la pantalla todo se desvanezca como humo. ¿Te ha pasado? Estabas en la ducha o caminando y las palabras fluían como un río imparable… pero, al sentarte a escribirlas, se escapan, dejando un vacío.

Entiendo la frustración de esas horas interminables frente al teclado, donde la escritura fluye tanto que el tiempo se diluye y, cuando te das cuenta, tu cuerpo ya está pidiéndote moverte, comer, o incluso simplemente respirar. Ser escritor independiente significa enfrentarte constantemente a esa duda: ¿Vale la pena?. Te preguntas si alguien leerá estas palabras, si tendrán un impacto, si importarán.

Y aquí estoy, diciéndote que sí, sí vale la pena. Porque al final, no podemos negar lo que somos. Yo soy Sayrimar Reyes Pacheco, escritora de nacimiento. Y si estás leyendo esto, quizás tú también lo seas.

¿Y tú? ¿También sientes que naciste para escribir?

-Sayrimar Reyes Pacheco

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